Salud Somática vrs Salud Mental: ¿Diferencias o Integración?
Por Sérgio Pereira Alves
(*):En el siglo XVII ocurrió una redefinición de las relaciones sujeto/objeto, sea en el plano de la acción, sea en el plano del conocimiento. La razón contemplativa expresada en la apreensión empírica de las cosas cede lugar a la razón y la acción instrumentalista. La finalidad utilitária acrecenta a lo experimiento una justificativa y legitimación de la ciencia juntamente con la tradicional búsqueda de la verdad.
La vertiente racionalista de la nueva ciencia, con Descarte, exigía también una duda metódica como procedimiento fundamental de la ciencia: descontento com la diversidad de las opiniones y de los costumbres él optó por repeler como enteramente falso todo en que se pudiese suponer la mas ínfima duda, solamente para verificar se restaria, después, algo en su creencia que fuera completamente desprovisto de duda.
En esta duda metódica és que se encuentran todos los discursos de suspecha que la Edad Moderna elaboró para identificar y extirpar, o por lo menos neutralizar, la subjetividad empírica. Com esto, la percepción pasó a ser considerada puramente sensible, o sea, una creación del espiritu.
A partir de un otro punto de vista, Hegel e Marx contribuiran para la desconfianza en relación a lo sensible. En esta tradición epistemológica todo conocimiento és mediado y construido. Aún que la aparencia no sea una falsedad, el conocimiento de la esencia debe negar la aparencia y, a lo mismo tiempo, recuperala, develando su naturaleza contradictoria de ilusión necesaria. Para esto, toda ciencia és la negación de la aparencia y de lo dado imediato.
En cuanto a esto una otra tradición investigaba los valores y limites de la propia razón. El grande filosofo empirista David Hume, en lo siglo XVIII redujo todos los procesos mentales a fenómenos asociativos, apuntando para la aprendizage como origen de las categorias y operaciones del pensamiento. Hume inicia o movimiento continuado por J.S. Mill, entre otros, que descualifica la logica como lectora incondicional del discurso científico y la sitúa como resultado de la experiencia, algo condicionado y esencialmente relativo, siendo ella propia objeto de una ciencia empírica.
En la condenación como ilusoria de cualquier pretensión al conocimiento lógico objetivo encontramos en el niilismo de Nietzsche su mayor expresión dónde se revelan de forma más exacerbada las dos vertientes de la dialética del sujeto a la su mas aguda radicalización: de un lado, la voluntad de poder, y de otro la crítica impiedosa del sujeto epistemico, llevando ambas a la disolución.
Al final del siglo XIX surge un psiquiatra suizo que rescata la percepción como forma empirica de una aptitud proyectiva. C. G. Jung percebió la importancia de los tratados alquímicos como una manifestación de relatos proyectivos de un material inconsciente. De esta manera redescubrió un antiguo paradigma hace mucho perdido en el tiempo. En estos tratados el alquimista, con verdadero interés por los secretos de la matéria, usaba de una lenguage simbólica y de un modelo investigativo totalmente exento de intención, nos demonstra la existencia de procesos inconscientes.
En el caso de la alquimia, el artifex se identificava com el opus, pero preservaba una relación de manera completamente impersonal y objectiva. Su investigación era restricta a la observación cuanto a la naturaleza del experimiento. Y en su relato simbólico, el proyectaba su propio inconsciente en la sombra de la matéria.
Pero su método no era un método intencional. La proyección se sucede, ella nunca és producida. Y como toda proyección és vivenciada como realidad, lo que era observado, era tratado como una propriedad de la matéria; pero en la realidad, lo que el vivenciava era su propio inconsciente.
Podemos, sin sombras de dudas, hablar de proyecciones inconscientes en la medida en que observamos los varios textos alquímicos que relatan experiencias dónde ocurren alucinaciones o visiones. En esta imagen simbólica usada en estos textos, puedese claramente observar todo un empeño, que proyectivamente se resumia en la búsqueda de los misterios de su propio inconsciente, en el encuentro con la sombra y en el restablecimiento de lo contacto com el femenino, su ánima.
Sob la forma arquetípica del hierosgamos, el matrimonio divino, estaba firmada la Grande Obra alquímica, dónde los opuestos se funden formando una sola unidad, el arquétipo de la totalidad, la piedra filosofal, la búsqueda por la imortalidad o por la juventud eterna.
El paralelo que podemos trazar entre psicología e alquimia está en la semblaza de los diálogos proyectivos entre hombre y materia, o entre psique y soma. Jung ya decia que un proceso analítico y dialéctico, que ocurre entre consciencia y inconsciente se asemejaría a uno proceso alquímico dónde el consultorio corresponderia al vasus hermeticus, en lo qual se procesaria la combinación y la transformación de las sustancias, para la obtención del elixir de la vida.
Necesitamos establecer una relación más impersonal y objectiva entre soma y psique, semejante a aquella de los alquimistas en sus investigaciones para que podamos recuperar y restablecer nuestra completud a partir de una acción más unificada. El contrario resultaría en una ruptura, desequilibrio, y consecuentemente enfermedad.
Blake, poeta y visionario, en un de sus Proverbios del Infierno há escrito: "Aquel que desea pero non actua, cultiva pestilencia". Reich ya creía que había una conección entre enfermedad fatal y el carácter de aquellos a quien ella humilla.
Todavía non se sabe mucho acerca de la simbolización de los procesos somáticos. Existen estudios preliminares de motivos oníricos relacionados com: efermedades cardíacas, epilepsia, paraplegia, asma, alcoholismo, hipertensión, envejecimiento, ciglo menstrual, gravidez y cáncer.
Existen algunos estudios ( Las Variables Psicológicas e el Cáncer Humano, Gengerilli e Kirkner, 1954) que establecen una correlación significativa entre síntomas somáticos y características psicológicas del paciente. De esta manera, nosotros conseguimos nociones correspondientes de las enfermedades y personalidades; y más, que la dinámica de la personalidad se hace relevante a lo grado de crecimiento de los tumores malignos.
Leopold Stein entrevistó 200 pacientes de un hospital non psiquiátrico, sin conocimiento previo de sus diagnósticos, y descubrió que la mayoria de ellos se quedó enferma en una época en que las circunstancias de vida inducía una sensación de desamparo, abandono e desilusión.
Jung creía que algunos tipos de imágenes psíquicas están más relacionadas con el cuerpo que otras, y hasta mismo, a la partes diferentes del cuerpo.
Sin tenermos que volver a Grecia antigua dónde ya se hablava en la relación cuerpo/mente, podemos citar Hermanus Boerhaave que escrebió lo siguiente: "Afectos violentos o de larga permanecia atacan y corrompen el cerebro, nervio, temperamento y músculos, de manera tan extraordinaria y efectiva, y consecuentemente, en acuerdo con sus diversidades y duración, son capaces de producir y crear practicamente todo tipo de enfermedad". Rabias contenidas, hablas engullidas, sentimientos non expresados, emociones mal elaboradas, crearán síntomas que irán se expresar exactamente dónde mas se contieve.
Todo y cualquier síntoma invasor trae consigo un contenido simbólico como una respuesta avasalladora, que intenta nos alertar de nuestro aislamiento y, destruir nuestra estructura rígida para un retorno a la salud y a lo equilibrio. Nuestra tarea és recuperar nuestra completud para comprendermos mejor este señal de alerta, efectivando una transformación y expansión en relación a nuestros propios limites anteriores.
Normalmente nos quedamos tan alienados de nuestra realidad que se hace necesario una invasión radical para romper nuestra estructura rigida.
Por tanto debemos estar alertas para no repetirmos viejos patrons. Estamos hablando de transformación y expansión, estamos hablando de cambios profundos dónde no habrá espacio para el viejo "yo". La enfermedad no dejará nosotros vivir como antes. En la realidad, ella viene para destruir apegos y aptitudes prejudiciales a la nuestra completud.
Meier entiende que existe una conexión entre la cura de enfermedades somáticas por medios de procesos psicológicos y el fenómeno de la sincronicidad.
Esto significa que existe una relación entre psique y soma, pero que no és una relación de causa y efecto. Soma y Psique forman un par de opuestos, cuya reconciliación en caso de disturbio, parece depender de la emergencia de un símbolo, y este símbolo és el tertium, un tercero componente, una fuerza mayor que nos forja los síntomas corporales.
Cuando Paracelsus nos habla de síntomas, debemos también nos recordar de su historia etimológica que significa "la coincidencia em uno" o "la convergencia de por lo menos dos magnitudes". La palabra griega symptoma tiene como sinónimo latino la palabra coincidentia.
Parecenos entonces que la cura solamente puede acontecer através de la constelación de un tertium - un símbolo o arquétipo que surge como un evento sincronistico, una coincidencia significativa, y no como una cadena de causa y efecto.
Los disturbios entre soma y psique son mejores vistos como manifestaciones equivalentes de un poder lo cual está obstruyendo el flujo libre de la energía vital. Ellos expresan las obstruciones y las heridas del alma. Y el hombre solo puede descubrir lo que és necesario para la restauración de lo equilibrio, escuchando y reflexionado sobre los movimientos sutiles del alma a la medida que ella se expresa en sensaciones corporales, sentimientos, emociones, imágenes, ideas y sueños.
Esta actitud estaria consolidando el cambio para este paradigma en relación a la enfermedad y a la salud. Necesitamos recobrar algunas actitudes alquímicas antiguas y encarar la enfermedad como resultante de alguna transgresión contra una fuerza superior; y su propia manifestación, como un síntoma de alienación del hombre en relación a su propia alma o esencia. El efecto que la psique tiene sobre el soma, o viceversa, tornase insignificante frente a la fuerza que aflige los dos.
En una actitud verdaderamente simbólica, la cura constituye una cuestión de contactar esta fuerza, este Dios Airado, que és responsable por nuestra enfermedad, para que podamos descubrir el misterio de nuestra aflicción, y tal vez, el milagro de nuestra cura.
BIBLIOGRAFIA
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Sérgio Pereira Alves é Psicólogo Clínico Junguiano atuando na clínica particular em Belo Horizonte. Autor de vários artigos publicados em jornais e revistas especializadas. Realiza palestras e cursos de formação. Contato: